Atena

    La historia de Atena, la galga española que adoptamos a través de SOS Levrieri, y cómo se convirtió en nuestra compañera de viaje.

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    Atena, nuestra galga española rescatada, en casa.
    © Sara Zammarini – Corsara.it
    Immagine di copertina

    La pequeña galga española que nos robó el corazón.

    Fuimos a buscarla a Agrate Brianza después de ver su foto en Facebook. Fue un flechazo, un destino ya escrito en su nombre. Una asociación española que rescata galgos abandonados acababa de publicar las fotografías de tres cachorras de pocas semanas: América, Asia y África.

    Cuando vimos aquella publicación, nos estábamos preparando para nuestro primer viaje a Estados Unidos. El nombre nos pareció una señal inequívoca: América nos estaba llamando.

    Así que completamos todos los trámites de la adopción y empezó la larga espera de nuestra cachorra. Volvíamos de Estados Unidos el 1 de julio y, la mañana del 2 de julio, fuimos al punto de entrega de SOS Levrieri para conocer a América. Por desgracia, nada más salir, nos comunicaron que ella y sus hermanas habían enfermado gravemente. Los más pequeños son siempre los más frágiles y, en una situación límite como la de un refugio, corren aún más riesgo. En los días siguientes las cosas se agravaron, hasta el punto de necesitar el ingreso en una clínica y una serie de transfusiones de sangre. América estaba grave y, aunque superara la enfermedad, no habría podido afrontar el viaje hasta Italia.

    Así, preocupados, tristes y resignados, esperábamos cada día noticias desde España. El 2 de julio llegaron los galgos adultos, pero las tres hermanas no estaban entre ellos. Mientras tanto su estado fue estabilizándose y, al cabo de unos días, pudieron salir de la clínica.

    Atena, como decidimos llamarla, llegó el 2 de octubre, después de meses de espera. Asustada y aturdida por un viaje larguísimo que, a pesar de todo, la trajo a salvo hasta nosotros.

    En España, según las principales asociaciones de defensa animal, cada año unos 60.000 galgos son “eliminados” de las formas más absurdas y crueles por considerarlos inservibles para la caza.

    Hoy Atena vive tranquila en nuestro piso. Da al menos tres paseos al día, salvo cuando hace demasiado calor, y nos acompaña a todas partes, desde el restaurante hasta las vacaciones. Cuando viajamos en avión y no podemos llevarla, se queda en casa de los abuelos, en el campo, donde juega con sus “primas”, mestizas de pequeño tamaño, y se entretiene en el gran jardín olfateando a las gallinas que cacarean en el corral escondido detrás del seto.

    Nunca habíamos tenido un galgo antes de Atena y no conocíamos en absoluto esta raza, pero su carácter nos conquistó por completo. Dulce y reservada, siempre está dispuesta a recibir mimos. Nunca ha entendido cómo funciona el juego de la pelota, aunque en cuanto huele el pan sobre la encimera de la cocina es capaz de levantarte de la silla y llevarte exactamente adonde quiere. Se mueve siempre con mucha discreción, procurando no molestar ni causar estropicios.

    Si quieres saber más sobre los galgos y su mundo, puedes visitar la web de SOS Levrieri, pero ten cuidado: la afición por los galgos es contagiosa.

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